Lecciones de la muerte del índice de facilidad para hacer negocios

Sonalde Desai escribe: Las consecuencias económicas y los beneficios políticos asociados con él alentaron a muchos países a intentar engañar al sistema haciendo mejoras superficiales en los indicadores que se estaban midiendo y, cuando eso falló, presionando explícitamente al equipo de investigación del Banco Mundial.

Los investigadores del Banco Mundial desarrollaron el sistema de clasificación EoDB bajo el supuesto de que mejores leyes y marcos regulatorios aumentarían la facilidad para hacer negocios y mejorarían el desempeño económico.

El tan promocionado Índice de Facilidad para Hacer Negocios (EoDB) está muerto. El producto estrella creado por el Banco Mundial fue atacado con el argumento de que sus datos fueron modificados en respuesta a la presión de países como China y Arabia Saudita. Como resultado de una auditoría independiente, el Banco ha abandonado el índice. La pregunta para nosotros es, ¿deberíamos intentar revivirlo o cantar su réquiem y seguir adelante? ¿Cuáles son las lecciones de esto para el futuro de los índices internacionales que clasifican a los países en una variedad de resultados con la esperanza de que los avergüencen para que se desempeñen mejor? Se necesita una autopsia de EoDB antes de que podamos responder a esta pregunta.

Los investigadores del Banco Mundial desarrollaron el sistema de clasificación EoDB bajo el supuesto de que mejores leyes y marcos regulatorios aumentarían la facilidad para hacer negocios y mejorarían el desempeño económico. Recopiló datos de los encuestados en varios países con respecto a las leyes y regulaciones existentes en múltiples dimensiones, los validó mediante un escrutinio interno y luego los combinó en un índice general que nos permitió clasificar los países. Por ejemplo, el índice incluyó dimensiones como los procedimientos para iniciar un negocio, obtener permisos de construcción, obtener una conexión eléctrica, registrar una propiedad, obtener crédito, proteger a los inversionistas minoritarios y pagar impuestos, entre otros. Cada dimensión se ponderó por igual y se sumó para crear una escala.

Si queremos crear un índice comparable internacionalmente, debemos hacer preguntas similares. Sin embargo, muchas de estas preguntas pueden no ser relevantes a nivel local en economías con diferentes niveles de desarrollo. Por ejemplo, EoDB hizo preguntas sobre la facilidad de obtener una conexión eléctrica, donde la puntuación de India mejoró de 70 en 2015 a 89 en 2020. Sin embargo, el diablo está en los detalles. El problema no es la conexión, sino la fiabilidad del suministro de electricidad lo que obstaculiza las industrias indias. Además, la mayoría de las preguntas se centraron en casos hipotéticos sobre sociedades de responsabilidad limitada. Sin embargo, la propia encuesta empresarial del Banco Mundial muestra que el 63% de las empresas indias son empresas unipersonales y solo el 14% son sociedades limitadas. Una vez que incluyamos las empresas no registradas, es probable que este número sea aún menor. Por lo tanto, centrarse en proteger los derechos de los propietarios de minorías en este pequeño segmento de las industrias indias y utilizarlo para clasificar el clima empresarial en la India no parece particularmente útil.



Lo irónico es que el índice depositaba una fe tremenda en los sistemas formalizados y, al mismo tiempo, desdeñaba las estructuras burocráticas incrustadas en esta formalización. La dimensión denominada obtener crédito es un ejemplo interesante. Los lectores desprevenidos podrían pensar que tiene algo que ver con la facilidad de obtener crédito en un país. No tan. Simplemente se basa en las leyes de quiebras y la existencia de un sistema de calificación crediticia en un país.

El problema con EoDB no es simplemente que es una medida cruda que captura pobremente los climas comerciales de economías complejas e informales como India. Un problema mayor es que había adquirido tal poder que los países compitieron para mejorar su clasificación. ¿Por qué es tan importante el índice que los países se rebajan para presionar al Banco Mundial para que mejore su clasificación? Por ejemplo, India ocupa el puesto 139 de 149 en el Índice Mundial de Felicidad, sin embargo, le prestamos poca atención, mientras que ascender en la escala EoDB se ha convertido en un objetivo político explícito.

La respuesta radica en las posibles consecuencias de la clasificación. Los países asumen que su clasificación EoDB atraerá inversores extranjeros. Dado que los inversores extranjeros a menudo no tienen una forma real de evaluar el clima empresarial subyacente en ningún país, pueden utilizar las clasificaciones como una señal para tomar sus decisiones de inversión. La evidencia empírica sobre este presunto impacto es cuestionable. De hecho, existe alguna evidencia de que la puntuación en EoDB está asociada con la IED, pero esta asociación existe principalmente para los países más ricos. Los estudios de Dinuk Jayasuriya, Adrian Corcoran y Robert Gillanders muestran que esta asociación es débil para los países más pobres. Por ejemplo, en 2020, China fue el mayor receptor de IED a pesar de ocupar el puesto 85 en el EoDB.

Una de las partes menos visibles del ejercicio EoDB fue el mensaje político subyacente. La regulación, a menudo tratada como sinónimo de obstáculos burocráticos, es mala y el abandono de las regulaciones traerá resultados positivos. En una revisión de EoDB, Timothy Besley destacó el sesgo anti-regulación que subyace a la medida Contratar trabajadores, que analiza la facilidad para contratar y despedir trabajadores y la rigidez de las horas de trabajo. Liderada por la OIT, hubo suficiente oposición a que esta dimensión, aunque informada, se elimine de la clasificación final.

No obstante, las presuntas consecuencias económicas, así como los beneficios políticos asociados con la mejora de las clasificaciones, alentaron a muchos países a intentar jugar con el sistema haciendo mejoras superficiales en los indicadores que se están midiendo y, cuando eso falló, presionando explícitamente al mundo. Equipo de investigación del banco como muestra la debacle actual.

Esto nos deja con un dilema interesante. La experiencia de EoDB ha destacado tanto el poder de los datos como la influencia política que pueden producir tales clasificaciones. ¿Deberíamos intentar reformar el índice o renunciar a él? La decisión se basa en la respuesta a dos preguntas. Primero, ¿existen estándares universalmente aceptables de prácticas económicas sólidas que sean aplicables y medibles en diversas economías? En segundo lugar, si los índices son tan poderosos, ¿debería dejarse su construcción en manos de instituciones como el Banco Mundial que aportan no solo conocimientos, sino que también ejercen el peso del poder económico mundial? Por el momento, la respuesta a ambos parece ser un no.

Esta columna apareció por primera vez en la edición impresa el 5 de octubre de 2021 con el título 'El malestar del ranking'. El autor es profesor y director del centro NCAER-NDIC y de la Universidad de Maryland. Las vistas son personales