Trump es la luz

Al menos para el presidente de Filipinas, Robert Duterte, que está a la altura del título de 'Trump del Este'.

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Para aquellos en los EE. UU. Y en todo el mundo, tambaleándose por las elecciones y las posteriores travesuras del presidente Donald Trump, había una cosa a la que aferrarse: al menos el ex presentador de reality shows no es una opción tan incómoda para el trabajo como Robert Duterte. El presidente de Filipinas, cuyo país es una ex colonia de Estados Unidos y socio estratégico desde hace mucho tiempo en Asia, se ha estado acercando a Rusia. También tiene otras cosas en común con Trump: abusó de Barack Obama, refiriéndose a la raza de este último y usando epítetos demasiado descorteses para imprimirlos. Y aunque Trump está dispuesto a imponer prohibiciones de viaje y ha calificado de violadores a los inmigrantes hispanos, la guerra de Duterte contra las drogas ha provocado acusaciones de abuso de los derechos humanos, incluida la muerte de niños.

Sin embargo, durante una cena de estado en Manila el domingo, Duterte reveló que Trump es de hecho su gurú. Usted es la luz, canturreó el hombre que había hecho de la postura anti-estadounidense la piedra angular de su política, en el comandante en jefe estadounidense más xenófobo de los últimos tiempos. El dúo improvisado con la estrella del pop local Pilita Corrales, que continuó diciendo que Trump era la mitad de mi corazón, fue cantada por Duterte a petición de su amigo especial. Canté sin ser invitado, por orden del comandante en jefe de Estados Unidos, dijo a los periodistas. Si bien fue sin duda la gloria suprema del bromance, Duterte ha hecho más que suficiente para ganar su título, Trump of the East, durante la cumbre de la ASEAN. Cuando un periodista estadounidense le preguntó sobre los abusos a los derechos humanos, llamó espías a los periodistas, mientras Trump se reía de lo que el mundo debe asumir que es una broma interna.

Duterte no es el primer líder mundial controvertido que busca legitimidad mostrando intimidad y amistad con un presidente de Estados Unidos. Sin embargo, no se da cuenta de que los tiempos han cambiado. Trump no posee ni la popularidad ni la seriedad de su predecesor. Darle tu corazón (o la mitad de él) solo invitará al ridículo. Por su parte, el presidente estadounidense debe mirar con atención a quienes lo imitan. El mimetismo no siempre es halagador.